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Construyamos el capitalismo de tercera generación

La tormenta necesita un nuevo Bretton Woods

Luigino Bruni

publicado en www.piuvoce.net

La economía es tan antigua como el hombre y la mujer; tiene que ver con la gestión de la casa y de los recursos escasos. La banca y las finanzas, en cambio, son “inventos” mucho más recientes: la banca nace en la Edad Media, y las finanzas en el siglo XVII, cuando se inventaron las bolsas y los bancos centrales. Hasta finales del siglo XIX las finanzas y la banca fueron grandes aliados de la economía real, pero en el siglo XX las finanzas se fueron distinguiendo cada vez más de la economía, y así nació el llamado “capitalismo financiero”, un sistema económico centrado en las finanzas y no en la producción.

El primer economista que comprendió el alcance de esta revolución (del capitalismo real al financiero) fue J. M. Keynes, en los años treinta, cuando demostró que el capitalismo financiero (que se precia de aumentar en mucho la disponibilidad de dinero y por lo tanto de recursos) exige un precio: una fragilidad radical y estructural. Keynes nos mostró que en el capitalismo de las finanzas la crisis no es la excepción, es la regla. Los acuerdos de Bretton Woods de 1944 supusieron un intento de administrar este nuevo capitalismo, creando nuevas reglas e instituciones (entre ellas el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional). Esta arquitectura ha funcionado bastante bien hasta la explosión de la globalización (aunque con diversos problemas, sobre todo de justicia: pensemos en la total ausencia de los países más pobres, y en el peso decisivo de los EE.UU. en el gobierno de estas instituciones). Cuando, a finales de los años ochenta,  las nuevas tecnologías provocaron una fuerte aceleración de los procesos iniciados con el capitalismo financiero, la globalización los amplificó y globalizó. Hace 20 años una crisis financiera asiática podía quedarse en Asia, pero hoy esto ya no es posible. Los mercados de capitales y las crisis se hacen mundiales de inmediato.

¿Qué es lo que ha ocurrido en los últimos meses, en los que la crisis ha explotado?   La vulnerabilidad estructural del capitalismo financiero se ha hecho insostenible, gracias, entre otras cosas, a la total insuficiencia de las reglas del mercado financiero. Así pues, es necesario abrir lo antes posible una reflexión profunda sobre el capitalismo; una reflexión no solo económica y financiera, sino también política y cultural. La crisis actual nos está diciendo dramáticamente que el "capitalismo financiero" requiere de un nuevo Bretton Woods que diseñe la nueva arquitectura del capitalismo de tercera generación, si queremos que estas crisis no hagan implosionar el frágil sistema mundo.

Esperemos que esta vez los nuevos acuerdos sean democráticos y tengan en cuenta seriamente a Africa, Asia, y Sudamérica; que no sea sólo un pacto entre los “grandes” sino que estén presentes la sociedad civil y las empresas. En el fondo, lo que el reciente G20 ha mostrado es el fracaso de una gestión de los mercados y de las crisis que razona todavía con categorías medievales, es decir piensa resolver una crisis global juntando a los líderes políticos para que escriban “desde arriba” nuevas reglas. A veces da la impresión de que la política no entiende que el mundo ha cambiado radicalmente y que cualquier solución a una crisis económica hoy no puede venir más que de un cambio en el estilo de vida de millones, miles de millones de personas, de todos y de cada uno. El estado, los estados, tienen su tarea, su rol en el juego, pero es mucho menos crucial de cuanto los medios y los políticos nos cuentan cada día.

Para terminar, debemos poner de relieve que detrás de esta crisis hay mucho más que estado y mercado, hay también una crisis moral y antropológica, que tiene que ver con nuestra relación con los bienes y con nuestro estilo de vida. Endeudarse por encima de nuestras posibilidades reales de renta es un acto de alto riesgo, porque mientras que endeudarse para invertir es algo sano y natural, endeudarse para disfrutar de unas vacaciones exóticas o para tener autos de lujo, que se anuncian a interés cero y a plazos de pocos euros, puede ser un acto similar al de Pinocho que, siguiendo los consejos del Gato y de la Zorra, sembraba dinero esperando verlo un mañana crecer multiplicado sobre los árboles. Saldremos de verdad de la crisis (no sólo durante algunos meses, en espera de la siguiente), si estas tormentas financieras son una ocasión  para alcanzar un nuevo pacto social, una nueva alianza entre sociedad civil, gobiernos, empresas y familias, que vuelva a poner en el centro a la persona, las relaciones personales y la renta buena que nace del trabajo humano y de la fatiga cotidiana. Si en cambio seguimos buscando la causa de la crisis fuera de nosotros, en chivos expiatorios de Wall Street o Piazza Affari, esta crisis habrá sido sólo un mal, una ocasión perdida.


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